Se habla mucho de educación y su importancia para el desarrollo de los individuos y el desarrollo de los pueblos, ha sido el gran tema al cual nunca se le llega a definir con exactitud y sobre el cual caen las grandes culpas de los males sociales.
Como docente y egresado de una buena universidad solo puedo decir lo que dijo el gran sabio Sócrates "solo sé que no sé nada" pero en su momento me creía dueño de lo aprendido y habilitado para enseñarlo, hoy después de tantos años y de observar de lejos esta actividad que nunca se abandona del todo, puedo afirmar que no hice lo suficiente y que la posibilidad de hacerlo estaba ahí frente a mi cara, que tenía todos los recursos necesarios pero que nunca utilice pues mi ceguera por perseguir los fines de la ciencia aprendida y mi deber de lograr lo mejor según lo que el sistema que me preparó y me pagaba para hacerlo, me decía que era lo correcto, no pude notarlo y hacer lo necesario para cumplir con ese oficio tan especial de educar.
¿Qué hace falta para enseñar? o ¿Qué hace falta para educar?, para la primera pregunta solo hace falta un instructor y un alumno que requiera aprender algún oficio o actividad compleja o no, pero para la segunda hacen falta además de las básicas ganas de aprender una infinidad de valores, principios y conocimientos esenciales, muy sencillos tal como cualquier ley física y universal pero complejos en su interpretación, análisis y transmisión de un individuo a otro, con las ganas de enseñarlos aplicando los mismos fundamentos que enseñan a un niño los aspectos que le permiten ser un individuo normal; si los procesos del habla, los movimientos precisos de nuestro cuerpo, la interpretación de un idioma o varios a corta edad, son conocimientos más complejos que sumar, contar la historia de la humanidad o construir un circuito eléctrico, que nos hace suponer que su enseñanza debe ser distinta y más cuando las estadísticas nos confirman que la aplicación de cantidades asombrosas de técnicas y métodos de enseñanza no han sido muy útiles para que nuestros jóvenes puedan aprender lo requerido y propuesto como meta por el sistema educativo y lo necesario en su entorno social.
Hoy, después de años trabajando con niños de corta edad, todos hermosos y cariñosos, capaces de demostrarle a uno lo maleables, lo nobles y lo abiertos a aprender de quien estaba ahí para hacerlo, me doy cuenta al verlos en las calles o en las redes usando unas matemáticas que le sirven para contar las veces en que le han metido preso, las balas de su arsenal, para cuantificar el tamaño de los maltratos y hasta calcular el tiempo, en lo que presumen serán sus cortas vidas, un conocimiento de Castellano que no sirvió para comunicarse por lo que ahora hablan en una lengua muy parecida con la cual menos les entendemos, unos conocimientos de ortografía que no llegaron a estar por encima del disimulo al desconocimiento de sus reglas, donde intencionalmente se escribe todo con errores para no dejar ver los verdaderos, unos conocimientos de historia que no le contaron de cómo sería su vida, me doy cuenta que el conocimiento de las ciencias solo puede alcanzar el grado de enseñanza pero nunca alcanza el grado de educación, que en lugar de todo eso debí tomar al niño y compenetrarme con él, para sentir sus necesidades, debí darles todo el afecto del mundo en lugar de disciplina, que importa si me tumban al piso o me desordenan el aula, me doy cuenta que yo sabía de la maldad de la delincuencia, conocía el barrio y sus peligros y no pude ver a una víctima en potencia de ese entorno sino que veía a un pequeño robot al que tenía que programar según las exigencias del grado en las distintas áreas del conocimiento, tenía que enseñarle a ser alguien en la vida por los títulos que alcanzara pero resulta que ya ese alumno o alumna ya era alguien y muy hermoso, que debí educar para ese mundo que no aparece en los libros, debí saber que la matemática y todos los otros conocimientos llegan solos, que están ahí al alcance pero el conocimiento que produce el amor por un niño por parte de sus maestro, de sus padres y sus familiares, pasando desapercibido hasta que ya se es grande, se le llega a repudiar cuando se le tiene y se le desconoce como componente indispensable de la vida.
Creo que la educación es un concepto implícito en el concepto de vida, que no podemos llamar educación a un proceso que solo te enseña contenidos y te hace profesional pero poco te habla y enseña sobre tu mundo, tu entorno, sus amenazas, sus privilegios, sus oportunidades como individuo biológico, como individuo social que a lo mejor enfrente frustraciones, satisfacciones, ilusiones y decepciones, que tal como se desarrolla todo tu organismo de forma natural y sin quien indique como debe ocurrir, así también ocurre la educación que llega de manera accidentada a cada uno de nosotros, fuera de lo mal llamado educación formal y aprendes a correr de las dificultades o a enfrentarlas, aprendes de la vida que es el amor sin que nadie te haya dicho como enamorarte y como evitarlo, aprendes a desilusionarte o a querer más la vida, aprendes a opinar sobre política, a hacerla o a callar, aprendes que un título es importante pero no lo es todo, te das cuenta de que la familia no solo es aquella formada por papá, mamá y abuelos, que a lo mejor la forman tus vecinos, unos extraños o solo tus abuelos, reconoces que los valores morales, éticos, religiosos, familiares e individuales se hacen de las circunstancias más que de lo inculcado por los que debieron hacerlo, aprendes que si eres educado todo lo bueno te ocurre y todo lo bueno haces, que si no eres educado a lo mejor solo necesitar hacer una pausa y dejar que la vida pase por unos instantes frente a ti y le hagas una evaluación comparando lo que crees bueno con lo que crees malo, que abras tu mente al momento aquel en que eras niño y permite, ya estando grande, que te abracen, que te digan lo bueno y lo malo, que te regañen y aplaudan, permítete llorar y reír, que aun sin el alcohol, la hierba, las mujeres más exuberantes y superautos puedas hablar de dicha, por ser estas solo imágenes de una realidad inventada y no la verdad de una vida afortunada y dichosa que ser importante no es ser popular, que el respeto no es miedo y que ser un buen hombre es vivir con ese amor que no dejó de existir y ser necesario porque te lo dieron o porque te lo negaron.